Cuando mi vida rayaba
en la penumbra del camino de huesos
Y bajo la luz gris de
una luna sin alma
Llegaste de repente; infinita
esencia de sutiles abrazos, besos y afectos
Y me arropaste en tus
cobijos de miel, bella dama
Recuerdo los tiempos aquellos en que a tu ser; en
sueños buscaba
Y al despertar tocaba
la esencia de lo que en ti anhelaba
Entonces mi almohada,
fiel compañera, de besos llenaba
Hasta desaparecer en
la alucinación de tu mirada que a mí, suave me consumaba.
Cuantas noches, si
supieras, preguntaba al Dios divino
Que deje ya, de ser tu
presencia un fantasma de abstracto tino
Y que se concrete en
la tierra dura, el tesoro de tu existencia material
Para, de esa forma se
acabe mi destino cruel y fatal.
Es por eso, cuando
apareciste con la magia de tu universo, en ese salón…
En ese salón lleno de
desconocida gente, me vi cautive de profunda emoción
Y te mire por eternos
minutos, suplicando a mi ángel, la gracia de tu amplia visión
Más no me viste, pero
que importo, estabas ahí, dulce deseo de mi corazón.
Te seguí, no sabes, días,
tardes, noches y madrugadas a tus huellas benditas
Y cuando te perdía, sentía
el infierno frío de la soledad, sin paz ni calma
Y los dolores de no
verte tiempo, carcomían de a pocos, la ilusión de mi alma
Y se apagaba las fogatas
de mis fantasías, y las sonrisas de perlitas.
¡Y de pronto aparecías
de nuevo!
Recuerdo que en una
clase de matemáticas, un viernes de otoño
Hecha ada, llena de dulzura, con coqueto moño
Me disparabas, sin
querer un pensar que me sumergía en gran sentimiento
Y entonces te
pensaba, y no miento, empapado en el más fresco, agradable y feliz viento.
Te conversaba después
en cada esquina de tu paradero
Te mensajeaba con sabrosa
firmeza de yerro
Te llamaba a tu
celular, sin querer nunca jamás despegarme de tu voz
Solo me separaba, de
ti, el fin de mi saldo, antes de
soplarte un TE QUIERO.
Iba a tu hogar, no
lejano, a gozar de tu iluminada presencia
Y aunque el sueño te vencía
por el mucho trabajar, y bostezabas sin cesar
Me conformaba, con
esos cálidos abrazos, que solo tú sabes dar
¡¿Dime si eso, si eso,
no significa amar!?
¡Oh, mí sagrada flor
de diciembre, de un ocho sin par!
Eterna ilusión,
excelso sueño de paraíso, gracia de Dios
Mar de amores, canto romántico,
bello ATARDECER
Te confieso, que solo
contigo, mi vida ha vuelto a florecer
He vuelto a la vida,
en un nuevo y hermosísimo amanecer
En la sensación de victoria
de un Atila, de un Aníbal, de un Julio Cesar
Y me pierdo, ahora,
en el camino de tu presencia inmaculada
En la flores que
siembras espontáneamente en tu pasar
Y es que no existe más
en mi mundo, ya otra cosa
Otra cosa que no sea amar, amar…amarTE
Me dirás exagerado, zopenco, lleno de ilusión
O quizá loco
desmedido, sin cura de emoción
Y yo solo te abrazare con fuerza de Poseidón
Y te refutare con
intensa convicción
Y te diré que ni loco,
ni iluso, ni zopenco soy…
Y que solo soy un alma
abierta, que expresa todo, lo que por ti
siente
Un alma que al
brillo, con tu inspiración, a la vida real, has traído
Y que de tu lado, no me
iré, así la muerte con su picudo crespón
Me entierre en el
dormir eterno…
Pues desde lo eterno, daré media vuelta
Para seguir a tu
lado, mi amiga, mi vida, mi pasión, mi enamorada emoción.

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