En las clases de teatro
conocí a un joven de 25 años. Era de aspecto sutil y de traje impecable. Me dio
el recibimiento en mi primera clase actoral. De una manera segura y graciosa;
dijo:
- Esta tarde pues, tarde
mágica por cierto, tarde de camaradería y de prometedora amistad real, doy
calurosa bienvenida a un amigo del teatro, a un amigo de buen gusto, porque le
gusta el teatro sino no estaría aquí, y
no se equivoca al estar aquí, hasta me atrevería a decir que es lo más acertado
que ha podido hacer este día y que lo recordara como el génesis hacia una
riqueza insospechada, súbita e inesperada. No soy adivino pero si intuyo mucho,
e intuyo en usted la extrema complacencia de estar sumergido en este pintoresco
y colorido mundo de ensueño, de extravagancia de diversión total, de serenidad
y de amigos de verdad. Bienvenido hermano del teatro y no me queda nada más que
decir que lo que puedan decir con mayor claridad los rabiosos aplausos que
usted merece – los compañeros me aplaudieron fuertemente, al minuto el joven de
25 años, puso du dedo índice sobre su nariz y todos dejaron de aplaudir y
continuo - Por su sabia decisión, por
infinitas dichas y paulatinos logros, y
por la amistad mas allá de la muerte misma, sea usted bienvenido.
Bajo lentamente del
escenario, y me dijo susurrante: "Que tal estuve". Le dije que no podría haber
estado mejor. Y me lanzo una gran sonrisa.
Esa tarde me limite a
observar a mis amigos en especial al joven de 25 años que se llamaba Sebastián.
Me di cuenta de que era
locuaz y de gran memoria. Comentaba con los compañeros, acerca de las noticias
políticas, deportivas, de farándula, de economía, internacionales, de
curiosidades como los nuevos modelos de autos, de las cosas raras que ocurren
en el mundo, y lo hacía con suma fuerza, intensidad y seguridad, utilizando
tonitos agradables en su pausado hablar, y talante histrionico. Habría los brazos,
gesticulizaba, lanzaba preguntas muy bien estructuradas, lanzaba temas
curiosos, por cierto sus comentarios estaban cargados de precisión, dejaba
intrigado en un momento a sus interlocutores, callando su manifiesto justo en
lo más interesante, luego continuaba, el
mismo se hacía preguntas y el mismo se respondía. Sabía como despertar el
interés en el público. Sus contenidos verbales estaban llenos de humor, y
generalmente era metafórico con una retorica bien estructurada. Por momentos
empleaba términos rebuscados. Pero siempre utilizaba tres sinónimos, tres
frases análogas, sus conceptos eran claros y puntuales. Por momentos se daba el
gusto de hacer rimas, lo que hacía más
agradable escucharlo.
Sentado yo, en la butaca me
di cuenta que había una hoja en el suelo. Me di cuenta que se había salido
casualmente de la mochila de Sebastián. No pude evitar leerlo. Decía: En este
mundo loco, de existencias inesperadas, dinámicas y sensibles, en este tiempo
que hay que disfrutar, he alcanzado la meta planeada, al cumplir cabalmente los
cuatro propósitos que hace tres años me propuse, el primero “Todo, todo, todo es fácil, divertido y
curioso”, así debe verse la vida, salvo que se sea ciego del alma y no se
puede ver más que dificultad y pesimismo en todo. El segundo propósito es “servir anímicamente a los demás”,
siempre he pensando y sigo firme en dicho pensamiento que la mejor manera de
tener verdadera calma en el alma es sirviendo a la gente, de hecho que cuando
hago una acción benigna, me genera, en consecuencia paz y dicha, y pienso lo feliz que soy al servir a mi amigo en
determinada tarea, o cuando subo al escenario sé que voy a servir de alguna
manera a elevar el ánimo de mi público y
eso me alienta a hacerlo con verdadera entereza y alegría interna. El tercer
propósito es “Mucho es digno de
memorizar”, jamás me cansare de repetir que llegado el momento en que uno
comience a olvidarse las cosas o a recordar poco de las muchas cosas lindas que
tiene la vida, es porque se está comenzando a envejecer, es por eso que atrapo,
capturo toda información digna de compartirlo para de esa manera cumplir mi
cuarto propósito que es: “Lo que más me
interesa en el mundo es dominar y reír”, al recordar esto estando en un
momento de tensión, me doy cuenta de que no estoy yendo por el camino correcto,
así que rápidamente cambio a un estado risueño
y mi alrededor cambia para bien, ¡ y en ese momento, los domino!.
De pronto, Sebastián, alcanzo
a mirarme con intensidad, que yo leía nervioso la hoja que había caído de su
mochila…
Me guiño el ojo y continuo su amena charla frente a un puñado de compañeros que lo escuchaban entusiasmados.

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