Hay personas que no te dan un techo, te dan una familia. Esta es mi carta para las mías.
Estimada familia XXX.
Quiero agradecer desde lo más profundo de mi alma la enorme dicha que me han dado.
Desde que este bendito país me abrió sus puertas, Dios me dio la bendición de encontrar en ustedes una segunda familia que mi corazón anhelaba.
Gracias por brindarme, poco a poco, esa enorme confianza, así como poco a poco yo les fui dando mi alma entera.
Desde la señora XXX, que fue mi faro de luz y guía, hasta la bella XXX, mi espíritu les agradece.
Nunca los olvidaré. Siempre los recordaré.
Siempre permanecerán en mi vida entera, y más allá.
Solo me queda desearles siempre lo mejor, y que Dios los bendiga siempre por ser tan nobles, tan buenos, y de una grandeza universal.
Gracias, gracias, gracias.
Los llevaré siempre en mi corazón.
XXX

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